A painful Winter night

Cómo se agradecen los días de sol cuando ya sabes que no hay marcha atrás, el invierno se acerca con zancadas de gigante.

Ayer tenía decidido pasar una maravillosa y tranquila noche en casa, mi plan estaba claro: deliciosa comida, blogging y una buena película. De hecho, las fotos que os muestro hoy eran de esa misma mañana, cuando fui a pasear por el canal de Christianshavn y el objetivo era mostraros un día de sol y hablar de los abrigos de invierno.

Pero lo que ocurrió después, bueno, cambió el curso de mi día: me caí con la bici.

Au, au, au! Menudo súper hostión volador me di ayer, en serio, nada menos que “10, 10, 10” si tres jueces hubiesen analizado mi dolorosa pirueta, digna de competición de élite. Tuvo un poquito de todo, como una buena caída debe tener: pérdida de dignidad, dolor, cortes, moratones y sangre. ¡Perfecta ejecución!

Si me permitís ponerle un pero a mi fantástica hostia, sería que fue única y exclusivamente culpa mía, no puedo echarle la culpa a nadie y eso jode, sinceramente. Ni tan siquiera utilicé mi vocabulario vulgar danés, ¡nada! Quedé tendida en el suelo haciendo pucheros, mientras desconocidos se acercaban para preguntarme si estaba bien. Y más pucheros, más lágrimas y más vergüenza.

Tras los primeros momentos de susto y angustia, recogí mi bolso y mi dignidad, las puse en la cesta de la bicicleta y me fui andando a casa.

Lo más doloroso no son mis rodillas magulladísimas {hechas una verdadera mierda} o los moratones en los codos, si no que en el golpe, el timbre de la bici se partió y ya no puedo hacerlo sonar por las mañanas “clin, clin, clin”… ¡qué vida más cruel!

¡Nos vemos pronto!
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En busca de la bicicleta perdida

El tráfico de bicicletas robadas en esta ciudad es un locura, todo danés ha experimentado al menos un par de veces en su vida el robo de su bicicleta. Sí, los nórdicos no son tan modositos y correctos como nos hacen creer a los que venimos del sur.

Y esto justo le ha pasado a Kim, le han birlao la bici. ¡Con lo caras que son las bicicletas aquí!

Como nosotros no somos de tener las manos largas {nos han enseñado muy bien en casa}, decidimos darnos un largo paseo por el barrio y ver si encontrábamos alguna bici que alguien hubiese dejado tirada por la calle. Como no hubo suerte, decidimos aprovechar para hacerme un mini-book callejero por el barrio.


Jersey menta con espalda abierta en triángulo de Zara
Pantalones grises de pinza ankle-cropped
de Zara

¡Awesome! Pasamos un rato maravilloso corriendo y riéndonos por las calles de Nørrebro, mientras Kim echaba todas las fotos del mundo. Ahí donde me veis, llevaba todas mis bici-herramientas para supervisar cualquier bicicleta abandonada.

Si bien él no tuvo suerte conmigo, al día siguiente decidió dar otro paseo por su cuenta y, ¡voilá! Una bici tirada en medio de la calle, sin candado y diciendo: ¡Condúceme! ¡Condúceme! Sólo necesita unos pequeños toques y estará perfecta para que la conduzcan. Ya podemos seguir paseando junto por Cph sobre 2 ruedas.

¿Tenéis muchos planes este fin de semana? Espero que sí y que lo disfrutéis como os merecéis.

¡Nos vemos pronto!
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Mi mundo en bicicleta

Mi percepción de la ciudad ha cambiado notablemente desde que aprendí a montar en bicicleta. Todas las mañana me levanto muy temprano para evitar todo el tráfico de hora punta, me monto en mi bici y me dirijo al trabajo. Es una pasada ver toda la ciudad, cruzar los canales y ahorrar la mitad de tiempo cada día.

A por otro día de trabajo

Con mucho sueño a las 8 en el trabajo

Es tan cómodo, fácil y entretenido llegar a cualquier lugar de la ciudad en pocos minutos a dos ruedas, que ya no me muevo sin ella. Desde hacer la compra hasta salir por la noche lo hago en bici, lo que también implica que, por primera vez en la historia de mi vida, practico deporte todos los días, ¡todo son ventajas!

En cuanto a la velocidad de mi pedaleo… eso es un tema que podemos obviar, básicamente porque absolutamente todo el mundo me adelanta, desde niños a mujeres con bebés en bicicleta, lo único bueno es que así, siempre voy sola en el carril disfrutando del paisaje.

Por otro lado, mis piernas aún se están acostumbrando a mi nueva afición y se resienten de vez en cuando… aunque todo es acostumbrarse, ¿verdad?

¡Ah! Por si se me había pasado comentarlo, no conduzco sin mi casco, ya que, son cientos las bicicletas con las que me cruzo todos los días y la seguridad es lo primero, aunque honestamente, me siento la persona más ridícula del mundo con mi súper casco naranja {regalo de la empresa}. Poco a poco, me estoy haciendo a la idea de no poder ir siempre mona a todas horas y que el casco puede ser un toque chic a un buen outfit, ¿no creéis?

A partir de ahora, todas las visitas que me lleguen de España, disfrutarán de la ciudad conmigo de la mejor forma posible, a dos ruedas.

¡Nos vemos pronto!
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